Fundamentos de la riqueza V

Elección de la moneda

Una vez que nuestros participantes del mercado han definido una serie de condiciones que debe tener esa moneda para que sea universalmente aceptada, lo siguiente será decidir cuáles van a ser esas unidades de moneda.

-          La primera intención de todos será que la moneda en sí tenga un valor, que sea valiosa por sí misma, es decir, que sea riqueza además de valor. Veamos dos ejemplos muy tempranos de este tipo de moneda

o   El salario, el Salarium de los romanos, es decir una parte de la retribución de los trabajadores que se pagaba con sal, sería un buen ejemplo de moneda pequeña. La sal tenía dos ventajas: era valiosa, ya que era la principal forma de conservación de alimentos, fácilmente divisible y no existía entonces en estado libre, tan solo se obtenía en las salinas controladas por el estado. Además, es fácil de contar, simplemente por pesaje.

o   El oro sería un buen ejemplo de moneda grande. El oro tiene valor en sí mismo, es escaso, es divisible y es fácilmente cuantificable con precisión mediante pesaje.

-          Pero pronto nuestros individuos se darán cuenta de que esto no es tan sencillo. Ninguno de estos elementos existe en cantidades suficientes para garantizar un buen funcionamiento del mercado, pero, por más que piensan, no encuentran ninguna alternativa viable.

-          La siguiente opción, obviamente, sería la adopción de una moneda artificial, una moneda que, aún careciendo de valor en sí misma, pudiera cumplir con los requisitos necesarios. Esta moneda debería tener las siguientes características:

o   Tener distintas unidades, para poder manejar con comodidad desde los valores grandes a los ínfimos.

o   Definir una tabla inicial de riqueza-valor, para poder hacer una evaluación inicial de la cantidad de moneda que debería emitirse.

o   Fabricarse en cantidad suficiente para que no escasee a la hora de realizar transacciones

o   Fabricarse en cantidad limitada para que, de forma aproximada, el conjunto de la moneda fabricada se corresponda al conjunto de la riqueza intercambiable.

o   Ajustar el ritmo de fabricación de nueva moneda al ritmo de generación de nueva riqueza del conjunto

o   Garantizar que la moneda no pueda ser fabricada por terceros, no pueda ser falsificada.

-          Lo que implica todo esto es que nuestros individuos aislados no pueden seguir aislados e intercambiar riqueza al mismo tiempo. Necesitan aceptar, todos ellos, la creación de una autoridad monetaria, independiente de todos y cada uno, con credibilidad y capacidad suficiente para ejercer este papel.

-          La curiosa conclusión es que este universo de individuos aislados, sin afanes de conquista, sin afanes de relación social, sin afanes afectivos ni reproductivos, aun así, tendrían que crear una autoridad común y aceptada por todos ellos para poder realizar cualquier intercambio de riqueza.

-          Y ello implica que deberá haber una autoridad, universalmente admitida en ese mercado, que emita, respalde y garantice esa moneda. Sin esta certeza nadie cambiará una riqueza tangible por una unidad de cambio de valor incierto.

 

Nuestros individuos ya disponen de un mecanismo de intercambio de bienes, el mercado, y de una moneda acuñada por una autoridad reconocida por todos. Sin embargo, antes de que nuestros individuos puedan poner en marcha el sistema de intercambio, necesitan resolver aún dos problemas: como asignar un valor a esa moneda y cómo hacer que esas monedas lleguen a manos de los individuos.

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